(Re)Inserción: una experiencia exitosa

By enero 28th, 2020 2019, Ana María Stuven, Capítulo chileno

La evidencia es concluyente: la inserción social de personas que han estado privadas de libertad —difícil hablar de “reinserción” en personas cuyas trayectorias de vida han sido desde la marginación y la vulnerabilidad— depende en parte de que su experiencia intrapenitenciaria repare las brechas que las llevaron a delinquir y, especialmente, de las oportunidades que encuentren cuando recuperan su libertad. Respecto de lo primero, los bajos niveles de educación —muy inferiores a la media nacional—, sus trayectorias sociales y familiares disfuncionales, y su escasa experiencia laboral son dificultades para las cuales la cárcel puede aportar beneficios solo en la medida en que la capacitación en habilidades psicosociales y laborales se aborde con programas adecuados. Para ello, la colaboración que las ONG brindan a Gendarmería es fundamental, porque profesionales externos, al no participar de las labores de custodia, logran generalmente mejores vínculos de confianza, aspecto que la literatura releva como esencial para el desistimiento.

Gracias al proyecto adjudicado a la Corporación Abriendo Puertas, con participación del Ministerio de Justicia, Gendarmería de Chile, BancoEstado, y el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, 114 mujeres privadas de libertad pudieron beneficiarse durante 18 meses del Proyecto Reinserción Económica y Emprendimiento para Mujeres en Conflicto con la Ley. La experiencia que recién culmina es un ejemplo exitoso y replicable, al incluir ambos momentos de la vida de una mujer que ha cometido delito. Durante su ejecución, 10 monitoras realizaron una intervención motivacional transversal a fin de fortalecer competencias psicosociales. Al mismo tiempo, se aplicó un plan formativo teórico y práctico en empoderamiento personal, diseño de emprendimiento económico e información sobre modos de acceso al mundo laboral formal. Todo ello, apoyado con acompañamiento individual y contacto con redes de apoyo familiar y social. Para los emprendimientos, opción escogida por aproximadamente 50% de las mujeres, el BID aportó un capital semilla complementado con un crédito del BancoEstado. Los proyectos fueron realizados con la asesoría de la Corporación Abriendo Puertas.

La experiencia demostró las fortalezas y debilidades que presenta el trabajo de (re)inserción social de mujeres. Entre las primeras, evidenciar que el trabajo individual con la interna y el conocimiento directo de sus redes sociales y familiares son fundamentales tanto para reconectarla como para evaluar esos vínculos en función de la inserción. Asimismo, comprobar que el acceso al trabajo es prioritario como fuente de ingreso y también para la recuperación de su autoestima y seguridad personal. Dentro de las debilidades, es evidente que la cárcel influye en el debilitamiento de las redes sociales y familiares significativas, por la pérdida del contacto permanente y la desinformación sobre la situación real de, por ejemplo, los hijos. El consumo permanente de drogas tanto al interior del penal como en libertad es, tal vez, el inconveniente mayor que presenta el desistimiento.

También la experiencia permitió que afloraran problemas provenientes del aparato público y privado que atentan contra la inserción. Es entendible que la delincuencia inspire rechazo y temor. Sin embargo, debe aceptarse que no hay desistimiento ni inserción sin considerar las dimensiones sociales y económicas del delito, y que desistir requiere compromisos individuales y públicos. Hay todavía mucho camino por andar para convencer al empresariado y posibles empleadores de que contratar a una mujer que ha estado privada de libertad es una manera de combatir la delincuencia. Se requiere un cambio de paradigma que concilie discursos y prácticas. El desafío está aún por asumirse, a pesar de que las mujeres que, en este proyecto piloto, optaron por empleabilidad han tenido excelente respuesta a las oportunidades brindadas por empresas solidarias: de 29, solo cinco han abandonado sus empleos, muchas veces por razones ajenas a su voluntad.

Una experiencia que da para pensar y planificar.

Ana María Stuven
Corporación Abriendo Puertas

 

Fuente:

El Mercurio, A2, sábado 1 de junio de 2019.